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Diario UNO, Mendoza. 28 de marzo 2005
Alejadas de la religión oficial, a la vera de las rutas mendocinas se repiten estos símbolos que marcan hitos o muertes y que convocan a los fieles

Paramillos. La cruz y la ermita de la Virgen de Fátima se ubican a 3.200m sobre el nivel del mar, en Las Heras.

Las cruces no sólo indican dónde hay una iglesia o un cementerio. Sin tanta relación con la religión oficial, pero levantadas por personas sumamente creyentes, en Mendoza existen varios de esos símbolos a los costado de los caminos para rendir culto o recordar a quienes murieron en viaje, ya sea en forma accidental o merced a manos humanas.

En memoria de Palleres
Sin duda la más conocida es la Cruz Negra, ubicada en la vera oeste de la ruta 40, que lleva a Tunuyán, a unos 65km de Mendoza. Lo que hoy es un centro de devoción popular, significa desde hace décadas una parada obligatoria para los camioneros que pasan por el lugar.

La Cruz Negra marca el sitio donde en 1864 mataron a Raimundo Palleres, quien era mano derecha de Eugenio Bustos, dueño de campos en el distrito sancarlino que hoy lleva su nombre y también en La Consulta. Palleres viajó por orden de su patrón a realizar unas cobranzas a Chile. Regresaba a lomo de mula llevando dos de esos animales más. Presintiendo una emboscada puso el dinero en las otras mulas y las soltó. Unos cuatreros chilenos, que estaban escondidos en un recodo del camino, esperaron al hombre y lo mataron sin piedad.

Las mulas cargadas con el dinero volvieron solitas a los campos de Bustos, quien encontró la plata y al ver que su peón de confianza no volvía, emprendió su búsqueda. Lo encontraron sin vida en donde había sido asesinado y allí mismo se cavó una tumba y se lo enterró. Según parece, en ese momento se enclavó una cruz y pronto se volvió un sitio de devoción popular.

Este culto fue aprovechado por la Iglesia 120 años más tarde, cuando en la década de 1980, el arzobispo de Mendoza, Cándido Rubiolo, gracias a la donación del terreno de parte de su propietario, lo incorporó como elemento de cristianización debido a la gran devoción popular que había sobre la cruz. Al lugar llegan creyentes de todos lados que hacen promesas y dejan cartitas con letras desprolijas y plagadas de errores. Cuando se les concede “cumplen con la manda” dejando distintos exvotos de ofrendas: desde ruedas de auto y bicicletas, andadores, yesos, cruces, remeras, mochilas o velas. También flores de papel o fotografías.

Respecto del color, para algunos fue pintada con algún tipo de esmalte negro para resistir a la intemperie; pero para otros, un rayo la quemó y tras las llamas quedó oscura como se la puede ver hoy.

En las alturas
A su vez, en el Cementerio de Guaymallén hay un sector que la voz popular conoce también como La Cruz Negra. Se trata de dos cruces mayores y varias ermitas erigidas sobre el antiguo osario por los miembros de la comunidad boliviana que tienen una gran presencia en esa comuna debido a los trabajos rurales y al arribo de golondrinas desde otras provincias. Ahí los bolivianos dejan flores, guirnaldas y velas recreando ritos que se realizan en su país. En particular, cada 2 de noviembre, Día de los Muertos, se los puede ver llegar en camiones a orar en ese punto e incluso para esa fecha en la entrada del cementerio se instalan quioscos de chicha fresca. Es algo muy colorido y que contrasta con la percepción necrofóbica que poseen los mendocinos, y los argentinos en general.

La de Paramillos
Tal vez no muy visitada, pero no por ello olvidada es la Cruz de Paramillos. Ubicada en la precordillera lasherina a 3.200m sobre el nivel del mar, marca el punto más alto del camino que une Villavicencio con la cabecera del distrito Uspallata. Según apuntó el topógrafo mendocino Isidro Maza, la primera cruz en ese sitio se levantó hacia 1700, cuando los jesuitas en Mendoza tuvieron en explotación unas minas no muy lejos de ese punto, cuya cavidad y restos edilicios hoy se pueden visitar.

Era parte de una rústica capilla de piedra.

Sin embargo la cruz que hoy existe es más contemporánea y la iglesita fue remplazada por una ermita consagrada a la Virgen de Fátima, considerada la “protectora de la ruta”, y que está representada en ese punto por una pequeña imagen que, según una placa, anuncia a los viajeros que “junto a la cruz redentora está aguaitándote al pasar”.

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