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Entre las ruinas, Marcelo Tapia intenta reconstruir el pasado minero de la provincia. La historia olvidada de una actividad que solía dejar mucha plata.

Los Andes, Mendoza. Domingo, 09 de marzo de 2003

Celeste Polidori

Perdido entre montañas y piedras. Así, literalmente, vive hace varios años Marcelo Tapia (63). Un ex minero que ama tanto esas rocas y cerros que prefirió quedarse en Paramillos a esperar. Aguardar que alguien pase a visitarlo o a que, por fin, se reactive la explotación minera en la zona. Sin teléfono, televisión, comodidades ni contactos continuos con personas, Marcelo pasa los días.

Un poco juntando piedras que tengan cobre, minerales de plata, zinc. O azulitas. Otro tanto esperando a las excursiones para ponerles palabras y experiencias a los sombríos túneles de granito. Marcelo trabajó identificando las rocas, en los laboratorios, que se instalaron durante diferentes épocas (porque la actividad minera en la provincia siempre fue discontinua y perteneció a distintos grupos internacionales).

Él cuenta que terminó viviendo en Paramillos, justo frente a la ladera del cordón de Paramillos Centro, porque una minera inglesa construyó la casa que habita para que algún cuidador se quedara en la localidad. El sitio es todo un lujo y Marcelo lo sabe, quizá por eso se aferra tanto a esa tierra. La vivienda es, básicamente, de piedra y fue construida hace 95 años. Adentro, la humedad se siente y la luz no abunda. En el comedor lo que resalta es el reflector, que le sirve para mirar en detalle los minerales.

Dentro de cada roca él encuentra una historia del suelo mendocino. “Yo estoy acá todo el año. Me voy a Uspallata a comprar la comida, siempre en bicicleta. Trato de traer de todo. En las únicas épocas que abandono por varios días la casa es cuando vienen temporales. Apenas pasan puedo regresar con mis piedras”, cuenta Marcelo.

De sus años de trabajo, el ex minero recuerda que estuvo en Paramillos del 70 al 74, como empleado de una multinacional. Luego volvió a tener un puesto laboral del 77 al 82. “En esta época -relata- había una empresa inglesa que tenía la concesión por diez años de algunas minas. Lo que pasó fue que comenzó la Guerra de las Malvinas. Cuando se enteraron, armaron todo y se fueron. Por fin me terminé de establecer a fines de los 80. Y ya no me quise ir más”.

Marcelo vivió con su familia en Calingasta. Con el tiempo se trasladaron a Uspallata, donde terminó el primario. Para aprender a identificar piedras, cuenta que leyó todo lo que encontró “y el resto lo comprendí con la práctica”, completa. Nunca se casó (reconoce que en parte esto se debió al lugar donde vive) pero aún no pierde las esperanzas de encontrar su pareja.

Buenas épocas

Paramillos era considerada una de las minas más importantes y ricas de Sudamérica. Los misioneros jesuitas descubrieron, en 1614, el potencial de estos cerros. Y de allí también se abasteció el Ejército de San Martín. Los amantes del pico y la pala tuvieron sus buenos años.

Marcelo rememora con mucha nostalgia estas épocas.

Antiguos oficios

“Dentro de los túneles había muchas personas que trabajaban en diferentes áreas. Estaba el perforista, el maderista, el cañista que colocaba las vías. Yo tomaba muestras de los lugares por donde se excavaba que luego se analizaban en el laboratorio”, explica. Él asegura que en cada mina (antes había 28 en total) solían trabajar 80 personas que dormían en los campamentos, hoy ruinas.

“De cada una de las minas se sacaban 170 toneladas de mineral por día. Para poder hacer esto habían turnos de siete horas organizados como para que se trabajara las 24 del día”, dice. Esta labor tenía fuertes consecuencias en la salud de las personas.

Al respecto Marcelo relata que “lo bueno es que ahora hay más recursos como para evitar los problemas respiratorios. Las más afectadas eran las mujeres, que en esta provincia sí podían entrar a estos lugares”. En el Norte del país las damas no pueden ingresar a los túneles porque se considera de mala suerte.

Poco queda. Sólo el recuerdo de un hombre que intenta divulgarlo todo. Como para que la gente sepa que Mendoza en algún momento tuvo una fuerte actividad minera. Como para que los visitantes entiendan la filosofía de vida de Paramillos. Allá, lejos del ruido mundano, Marcelo Tapia espera entre sus ricos cerros.

En un intento por rescatar la memoria de este oficio y los sonidos que supieron generar hombres y mujeres entre las oscuras paredes de piedra excavadas en las entrañas de los Andes.

Paramillos y su historia

Jesuitas. Los misioneros descubrieron el lugar en 1614. En 1640 ya estaban explotando la zona para extraer los minerales.

Exiliados. Cuando la congregación fue expulsada de América, los españoles tomaron posesión de las minas hasta 1810.

Libertador. En 1816 la “Compañía patriótica de minas” donó al Ejército Libertador gran parte del material extraído.

Las ruinas del Gobernador. Elías Villanueva, gobernador de Mendoza a fines del siglo XIX, se hizo cargo durante un período.

Tacher y Galtieri. Luego llegaron inversores ingleses que debieron abandonar la zona cuando el conflicto de Malvinas.

Hoy. Queda una actividad que fue abandonada y un litigio entre Nuclear Mendoza (estatal) y Minera del Oeste (privada).

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